lunes, 16 de abril de 2012

Crónica de cómo se hace

Cómo se hace un transformista

Su edad 28 años, de profesión, como cosa rara, peluquero. Me citó a las cinco de la tarde en su casa localizada en el barrio San francisco, muy cerca de la plaza que tiene el mismo nombre, en su expresión se notaba el nerviosismo y la ansiedad y con un: hola, accedí a la entrevista, porque es hijo de su mamá y ella es la que me ha hecho unos vestidos muy bonitos y baratos. Yo le di las gracias y pedí permiso para entrar. Con una sonrisa malvada y  pícara me dijo: qué necesita saber, por qué hago esto, por qué me visto de mujer… Le dije que no necesitaba saber el por qué, pero que si deseaba contarme no había ningún problema.

Después de mi respuesta, ella soltó una fuerte carcajada y un: entonces qué necesita de mi…Necesito observar su proceso de transformación de hombre a mujer, para saber cómo se hace un transformista, frente a mi respuesta dijo: ¡Ay! hijueputa, me tengo que empelotar delante de usted, ósea va ver cómo me pego el pene para que no se vea un horrible bulto, como saco cintura pa poder lucir mi vestido. En ese momento me mostró aquel vestido rojo de escote sensual y pronunciado, el cual le permitiría mostrar sus piernas; luego vino una peluca negra muy larga un par de medias, un collar,  unos artes enormes y unas zapatillas de color rojo que, como dijo ella: me darán glamur y sofisticación, pa que no piensen que soy una travesti barata.

Después de casi cinco horas de espera, de sufrir con la cinta, con la peluca y lograr aguantar la respiración en una diminuta faja que moldeaba su cintura, aquel joven de tez blanca y unos bellos ojos azules se convirtió en una bella mujer, su rostro cambió, y no me refiero a la transformación en sí, sino su estado de ánimo, aquel ajustado vestido y el rubor le daban una gracia difícil de de describir, sólo la noche sería testiga del disfrute de aquella dama, que se persignó y salió a la calle con unos tacones de 16 cm y unas piernas kilométricas para recorrer las calles bumanguesas.
  

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