domingo, 15 de abril de 2012

Crónica de un trabajo inusual

Un trabajo usual en un sitio no tan usual 

Nunca pensé que volver a ver un montón de muñecas con su pelo hilachudo y sus cachetes llenos de mugre me recordara aquellos momentos de mis vacaciones durante la escuela. Pienso que el oficio más viejo no es la prostitución sino el de vendedor,  recordemos cómo Satanás les vendió la manzana a Adán y Eva en el paraíso y así logró que pecaran. Si es difícil vender artículos de primera, imagínense vendiendo cosas usadas, roídas por el tiempo y el olvido, pero que, aun así, despiertan el interés de grandes y pequeños.

Por toda la quince, más allá del barrio Gaitán se encuentra el famoso Mercado de las pulgas de la ciudad de Bucaramanga, en medio de viciosos y prostitutas también se hay gente que busca la manera de conseguir el pan de cada día, aunque no lo crean es un poco grato, para mí,  volver a oír: qué busca pelao, papeles robados, baños, ropa, vicio…  Recorrer cada espacio, cada local, y aunque no se encuentran todas las personas que recordaba y que me llevan a revivir mi niñez, ya que mi papá era feliz comprando en dichoso centro, del cual aún tengo varios libros, un muñeco Alf y un microscopio, entre muchas otras cosas que aún adornan mi casa.

Durante mi recorrido me encontré de nuevo a don Ernesto, quien vendía, y aún vende libros, muchas de sus palabras me recordaron a papá, su afición por los libros y aquel baúl que me regaló a mis quince años repleto de libros. Le pregunté que si algo había cambiado durante mi larga ausencia, su respuesta fue una prolongada risa, y un profundo: nada, aquí nada cambia, a mi lo único que me espera es la muerte, y heredar este local, que como usted sabe es lo único que tengo junto con mis libros.

La nostalgia invadía cada palabra, mientras que pensaba que más responder…Además su papá fu uno de los pocos y fieles clientes, de esos que no solo vienen a mirar y a esperar que uno les regale la mercancía, como el decir de ellos que esto es el mercado de las pulgas. En ese momento pensé, mierda, no traje ni un peso para comprar un libro.
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