lunes, 16 de abril de 2012

Crónica de un día cotidiano.

Crónica de un día cotidiano

Alrededor de 8030 días de existencia son lo que he podido vivir y, hasta hoy, pienso acerca de una jornada normal de mi existencia.  Aquel 10 de enero descubrí que soy un estereotipo de lo que se conoce como gay cliché, siempre me creí diferente de aquel prototipo. Me levanté a eso de las 5 de la mañana y lo primero que vi, fue mi abultado estómago, eso de cambiar de ambientes marca nuestras vidas; jamás me había preocupado el hecho de ser gordo, hasta que entré a la UIS y comencé a conocer gente del “ambiente” como se dice entre el gremio.

Después de medir mi gran cintura de 85 cm de ancho, empecé la mañana exfoliando mi cara, por aquello de los polvos y la base que uso hace un año, ya que ayuda a tapar las diferentes imperfecciones de la piel, y sí que son muchas. Después vienen los cuarenta minutos más largos de mi vida en los cuales trato de saltar lazo, hacer abdominales y bailar, por aquello de que a los maricas no les gustan las personas gordas. ¡Mierda! Mientras me ejercito me doy también cuenta que atrás quedó mi fascinación por el rock clásico y el metal, ahora todo mi mundo musical se basa en: y me solté el cabello me vestí de reina, me  puse tacones, me pinté y era bella… la cual sonó tres veces durante aquellos extenuantes minutos.

Después de aquella primera jornada, viene el gran dilema: qué me pongo y veo que atrás, quedaron mis camisetas negras, mis buzos, mi closet ahora es un mosaico de colores, desde el rosado chillón que tanto aborrecí, pasando por el morado y jeans entubados, cuando terminé de tomar  tan difícil decisión vuelve el proceso de empolvar  mi cara para salir a la calle y abordar el bus que me llevará a la universidad, mientras tarareo aquella última canción de Mecano llamada Stereosexual:   Y qué dirán de mí,/dirán que eres gay, /lo tendré que asumir, /no te apures rey, /me hacen para tal para cual, /veras como sí, /Stereosexual, /por otro lao, /por el lao de atrás,/no debe estar tan mal,/pero si es normal,/sí es tanto personal,/pruébalo y veras…. Y sí, a mi sí que me toca por otro lao, por el lao de atrás, ya que todas pido linche y el señor conductor me abre la puerta de atrás. En ese momento de subirme al bus, escojo aquel puesto donde me sienta más solo y seguro, odio ser observado, de este modo llego a la UIS y sin notar qué o quién está a mi alrededor, y así pasar la pena de pedir ser llevado por mil pesos, a pesar de llevar varios años en este oficio, la pena nunca pasa.

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